El derecho al cuidado en el centro de la colaboración iberoamericana

Pablo Bustinduy
Ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030

Esta semana, España ha acogido con los brazos abiertos la IV Reunión Ministerial de Asuntos Sociales y Desarrollo Inclusivo en Avilés, una experiencia de cooperación y diálogo en la que representantes de diversos países de la región hemos podido debatir en torno al fortalecimiento de los sistemas de cuidados y de apoyos para el desarrollo inclusivo. 

Resulta evidente que el envejecimiento demográfico y los cambios en las estructuras sociales suponen un desafío para nuestros sistemas de cuidados de larga duración. Sin embargo, son muchas las veces que los debates en torno a esta cuestión se ven lastrados por una mirada derrotista, incluso alarmista, cuando la realidad a la que responden debería ser motivo de gran orgullo: ahora vivimos más tiempo y envejecemos con más calidad de vida. Y eso es un logro democrático. 

Sociedades interdependientes, sociedades cohesionadas 

Señalar con claridad el éxito que supone que podamos vivir más tiempo y en mejores condiciones no nos exime de hacer reflexiones amplias sobre los cambios que esto supone en términos sociales y económicos y cómo abordarlos desde la política pública. Un elemento central a este respecto, que ayuda a conceptualizar no sólo la política de cuidados sino la política social y las redes de colaboración en su conjunto, es la noción de que nuestras sociedades son interdependientes. 

A lo largo del ciclo vital, todos y todas vamos a necesitar de los apoyos y cuidados de otros, ya sea cuando somos niños, cuando somos mayores o frente a otras contingencias de la vida. Lo mismo ocurre, de hecho, a nivel internacional: dependemos de las otras naciones para mejorar nuestras propias prácticas e implementar medidas más eficaces en la misma medida en que podemos aportar con nuestro conocimiento y experiencias. 

Son principios para avanzar hacia modelos de cuidados más cercanos y personalizados, para construir sociedades más equitativas y justas

Asumir este planteamiento no nos hace más débiles, muy al contrario: nos vincula de forma ineludible a los demás, tanto nacional como internacionalmente, y ese es un elemento aglutinador fundamental para reforzar, frente a las pulsiones antidemocráticas y la ley del sálvese quien pueda, la cohesión social. En este sentido, el ejercicio que hemos hecho en Avilés responde a esta premisa de forma doble: reconoce la importancia de los cuidados en nuestros países, a este y al otro lado del Atlántico, al tiempo que es un ejemplo material de colaboración e intercambio de buenas prácticas entre regiones que, si bien pueden tener ciertas diferencias, también comparten elementos fundamentales. 

Una Carta Iberoamericana de Cuidados y Apoyos para un camino compartido 

Fruto de ese entendimiento entre los países de la región, hemos aprobado la Carta Iberoamericana de Cuidados y Apoyos, como material de preparación para la Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado. Con ella afrontamos el que hemos identificado como un reto común en la región y comenzamos un camino de colaboración y coordinación, que sienta unas bases sólidas con una serie de principios que no deben quedar únicamente sobre el papel. 

Hablamos de principios como la universalidad, que reconoce el cuidado como un derecho a lo largo del ciclo de la vida e independiente al código postal o la familia en que uno nace; el principio de igualdad de género, que señala al fin con claridad las obligaciones indebidamente asumidas por las mujeres en materia de cuidados; la autonomía y participación, que reconoce de forma explícita la capacidad que tienen las personas que requieren cuidados de decidir sobre sus propias vidas y sus necesidades. 

Son principios fundamentales para avanzar no sólo hacia modelos de cuidados más cercanos y personalizados, con un fuerte apoyo en la comunidad, sino también para construir, en definitiva, sociedades más equitativas y justas, donde ni ser cuidado o cuidada limita tus proyectos de vida ni ser cuidador o cuidadora te aboca a todo tipo de precariedades e injusticias. Porque los ejes vertebradores que buscamos aplicar a nuestros sistemas públicos de cuidados son los mismos que deberían regir cualquier sociedad: poner a las personas en el centro, sus dignidad y sus derechos, por encima de cualquier aspecto contable, organizativo o económico. 

España en la vanguardia de los avances en materia de cuidados 

En estos días también hemos podido compartir nuestra propia experiencia como país. España ha experimentado un cambio sin precedentes en lo que a su sistema de cuidados se refiere, aumentando de forma drástica la financiación, sobre todo con la última aprobación de un cambio estructural que va a llevarla al máximo histórico de 7.200 millones en el año 2027. Ahora, trabajamos para sacar adelante la reforma de las leyes de discapacidad y dependencia que esperamos pueda ver la luz lo antes posible y con un gran consenso en el arco parlamentario, puesto que va a ser el andamiaje para seguir dando pasos hacia unos cuidados más cercanos y comunitarios. 

Estos días ya han servido como muestra de que, incluso entre diferentes colores políticos, existe la noción compartida de la importancia fundamental de los cuidados a nivel internacional. Ese debe ser, de igual modo, el mensaje que permee a nivel nacional.

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