Tras la Ministerial de Trabajo y Asuntos Sociales de Iberoamérica, celebrada los días 2 y 3 de julio, conversamos con Ricardo Cuesta García, Presidente de la Red Iberoamericana de Servicios Públicos de Empleo (RISPE), sobre los desafíos que comparten hoy los mercados laborales de la región. En esta entrevista para Somos Iberoamérica, Cuesta García reflexiona sobre el desempleo juvenil, la transformación tecnológica, la economía de los cuidados y el papel que pueden desempeñar los servicios públicos de empleo para generar trabajo de calidad. «El gran desafío es crear empleo de calidad, no crear empleo a cualquier precio», afirma.
Tras la reciente reunión ministerial, nos gustaría comenzar con una visión general del mercado laboral iberoamericano: ¿cuales son los principales problemas que afectan hoy a trabajadores, jóvenes y empresas?
Hay problemas estructurales como los altos niveles de informalidad, el reducido alcance y cobertura de prestaciones sociales, las desigualdades de género, las brechas en la capacitación del talento humano y los déficits de trabajo decente. La propia RISPE nació en 2023 para enfrentar estas dinámicas que perjudican el funcionamiento equilibrado del mercado de trabajo iberoamericano. Concebimos la Red como un espacio de colaboración, entendimiento, buenas prácticas y aprendizaje mutuo, siempre respetando que la competencia última sobre estas materias es de cada país. La región cuenta con importantes fortalezas, pero también con notables inconvenientes. La principal ventaja de Iberoamérica es que tiene una población relativamente joven en comparación con España y Portugal. Esto se traduce en una mano de obra vibrante y mucho más permeable a la digitalización, lista para abordar estos retos. Además, existe una elevada penetración de internet en la región; aunque no es homogénea en todos los países, hay redes crecientes e incorporación de herramientas digitales avanzadas, como vemos en el caso de Chile. Sin embargo, el gran lastre siguen siendo los altos niveles de informalidad, que dificultan que los trabajadores puedan reciclarse o acceder a formación continua, sumado a la necesidad urgente de combatir la brecha digital.
El objetivo no es reducir la informalidad, sino lograr que la formalidad sea la mejor opción para las empresas y para los trabajadores
Durante años el objetivo fue crear empleo. ¿Cree que el gran desafío de la próxima década será el mismo? ¿Cómo está cambiando la realidad?
Tenemos que seguir intentando crear empleo, pero no a cualquier precio. El objetivo debe ser generar empleo de calidad: un trabajo decente con contenidos adecuados, una retribución justa y jornadas reguladas. La realidad está cambiando muchísimo debido a la irrupción de la inteligencia artificial y a tres grandes transiciones que nos afectan a nivel global. En primer lugar, la transición ecológica, que exige pasar de una economía basada en el carbono a energías más limpias, movilizando a los trabajadores hacia nuevos sectores. Segundo, la transición demográfica; nos enfrentamos a una población envejecida que va a generar grandes necesidades de cuidados. Y finalmente, la transición digital, donde el reto principal es evitar la brecha digital facilitando capacitación y conocimiento a todas las personas, trabajadores y empresas.
La región presenta altos niveles de informalidad laboral. ¿Qué estrategias impulsa RISPE para enfrentar esta realidad?
El objetivo no debería ser solamente reducir la informalidad, sino lograr que la formalidad sea la mejor opción tanto para las empresas como para los trabajadores. Desde RISPE ponemos sobre la mesa estrategias orientadas a simplificar los procesos, eliminar trabas administrativas y reducir los costes colaterales de formalizarse. Por supuesto, esto debe ir acompañado de una mejora en la inspección laboral para evitar prácticas abusivas, así como del impulso al diálogo social entre los actores implicados para buscar soluciones comunes. La Red funciona precisamente para compartir y testar los programas de capacitación y las estrategias que ya se han implementado con éxito en determinados países, especialmente a nivel digital.
RISPE publicó en 2023 un informe sobre jóvenes y empleo. ¿Cuáles serían sus principales conclusiones? ¿Qué habría que actualizar o incorporar hoy?
Las conclusiones de ese informe siguen plenamente vigentes, al fin y al cabo, tres años no son nada. El problema principal no es solo que los jóvenes encuentren un empleo, sino que puedan acceder a trayectorias laborales estables, de calidad y con perspectivas de desarrollo profesional. Sin embargo, tres años en el campo de la inteligencia artificial equivalen a un universo. Hoy habría que incorporar el impacto de la IA en el desempleo juvenil. Cuando un joven finaliza sus estudios y accede a su primer trabajo, lo que llamamos un entry job, normalmente se encarga de tareas rutinarias que ahora mismo se están automatizando a través de la IA. Tareas como buscar jurisprudencia en un bufete de abogados o de analizar datos en una agencia. Este impacto no estaba previsto en 2023 y es el momento de incorporarlo para acompañar a los jóvenes en un mercado cada vez más dinámico.
¿Qué políticas de diversidad están funcionando mejor para fomentar este empleo juvenil y también femenino?
Las políticas más interesantes son aquellas que logran hibridar la formación con el empleo real. En la región nos encontramos con dos perfiles de jóvenes: los que tienen baja cualificación pero mucha experiencia laboral, y los que tienen una alta cualificación académica pero carecen de experiencia práctica. La clave es conjugar ambas necesidades. En España contamos con las escuelas taller y casas de oficio, un modelo que cumple 40 años y que se exportó con éxito a Iberoamérica bajo la premisa de aprender trabajando. También existen programas sectoriales orientados a que los jóvenes reciban formación directamente en el puesto de trabajo. Más allá del formato, lo crucial es que cualquier formación vaya respaldada por un proceso de tutorización, mentoría y acompañamiento, diseñado no para que el joven vuelva al desempleo al terminar el contrato, sino para consolidar su inserción definitiva en el mercado.
La clave ante la IA está en el pensamiento crítico y la ética, competencias humanas
Volvamos a la IA, ¿cómo cambiará el empleo?, ¿qué puestos desaparecerán primero? ¿cuáles se crearán?
Más que desaparecer, los puestos de trabajo se van a transformar; esa es la palabra clave. El impacto inmediato se verá en los empleos con tareas más rutinarias y repetitivas, como la atención telefónica básica, que ya está siendo asumida por chatbots. Lo mismo ocurrirá con ciertas tareas administrativas, la atención al cliente o las líneas de caja en las grandes superficies, que avanzan hacia la automatización. Pero esta transformación no equivale a una destrucción absoluta de empleo. Ya ocurrió en la Revolución Industrial con el movimiento ludista, o con la llegada de Internet, que lejos de acabar con el mundo generó ocupaciones completamente nuevas como el community manager. La clave está en el pensamiento crítico y la ética, competencias humanas que son muy difíciles de sustituir.
Debemos seguir la línea de la Comisión Europea: utilizar la IA, pero siempre bajo supervisión humana para evitar sesgos discriminatorios por edad o sexo en la selección de personal, por ejemplo. En un sistema democrático que busca acabar con las desigualdades, la discriminación del algoritmo es algo que no podemos consentir. En los servicios públicos de empleo, la IA ya nos permite ofrecer una atención mucho más personalizada. Podemos anticipar situaciones de desempleo de larga duración, recomendar itinerarios y detectar ocupaciones de forma rápida. En España, por ejemplo, utilizamos la aplicación SENDA, que analiza perfiles estadísticos de datos para personalizar la orientación y entender qué necesita exactamente cada usuario.
Es necesario establecer un marco común que regule la IA poniendo a la ciudadanía en el centro
¿Cree que la región necesita un marco común sobre la IA y el mercado laboral?
La región comparte lazos profundos, pero también alberga una enorme diversidad económica, social y de estabilidad institucional. Los cambios de gobierno a veces complican la continuidad de los programas de largo plazo. Por eso, considero que un marco común sobre IA debe estar completamente alejado de ideologías, debe centrarse exclusivamente en poner en el centro a los ciudadanos, a los trabajadores y a las empresas. Establecer un marco que fije un consenso mínimo siempre será positivo, manteniendo la flexibilidad necesaria para que cada país lo adapte a sus peculiaridades y a su realidad individual. Es un objetivo necesario, aunque sabemos que es un trabajo complejo que requerirá tiempo y esfuerzo.
Cada vez más organismos internacionales señalan que la economía de los cuidados será uno de los grandes debates económicos y sociales de la próxima década. ¿Veremos la economía de los cuidados, convertirse en uno de los grandes motores del empleo de la región?
Es muy posible, y por razones de peso. Aunque Iberoamérica es actualmente una región joven, la esperanza de vida aumenta y, con el tiempo, la población envejecerá, lo que incrementará de forma exponencial la necesidad de cuidados. Debemos entender que la inversión en cuidados no es un gasto social; es una fuente de empleo que dinamiza la economía y promueve de forma directa la igualdad de género. Implementar estos mecanismos libera un enorme talento humano. Actualmente, muchas mujeres se ven privadas de trabajar para dedicarse a cuidar a hijos o dependientes; al profesionalizar el sector, permitimos que se desarrollen laboralmente y equilibramos las tasas de empleo entre sexos. Sin embargo, no podemos caer en un círculo vicioso: no tiene sentido liberar el talento de unas personas si es a costa de relegar a quienes cuidan a condiciones laborales precarias. La economía de los cuidados debe profesionalizarse bajo estándares dignos de salario, derechos y conciliación. Mantener relaciones laborales vulnerables en este sector es un error que debemos evitar a todas luces. Solo así, se creará un mundo más justo y más equitativo.