Francisco José Cantos Mengs:“Trabajar en red multiplica el impacto”

Secretario del Comité Español del Programa MaB de la UNESCO, Secretario de la Red IberoMab y Jefe de Área de Relaciones Internacionales y Reservas de la Biosfera Organismo Autónomo Parques Nacionales. Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España

Francisco José Cantos Mengs:“Trabajar en red multiplica el impacto”

“IberoMab no es solo una red de territorios protegidos: es un laboratorio continental de desarrollo sostenible y construcción de paz”. Así resume Francisco José Cantos el potencial de una iniciativa que conecta territorios, conocimientos y comunidades a ambos lados del Atlántico.

Cantos coordina desde España el MaB (Hombre y Biosfera) de la UNESCO, creado en 1971 para demostrar que la conservación de la biodiversidad y el desarrollo socioeconómico pueden ir de la mano. Es también Secretario de IberoMab, la Red de Comités Nacionales MaB y Reservas de la Biosfera de Iberoamérica y El Caribe, que articula la cooperación entre 204 reservas de la biosfera en 24 países de Iberoamérica, el Caribe, España y Portugal. En estos territorios —donde viven más de 106 millones de personas— se buscan respuestas compartidas a desafíos que atraviesan fronteras: cambio climático, pérdida de biodiversidad, desigualdad. Para Cantos, la clave está en la cooperación horizontal: “El trabajo en red multiplica el impacto porque permite aprender de quienes ya están enfrentando los mismos problemas”.

Cuando hablamos de biodiversidad, solemos referirnos solo a especies o ecosistemas. Desde su experiencia, ¿qué significa realmente este concepto y por qué es clave para el desarrollo sostenible en Iberoamérica?

La biodiversidad es mucho más amplia de lo que se suele pensar. Abarca tres dimensiones fundamentales para nuestra supervivencia. Primero, la biodiversidad silvestre, el medio natural que nos proporciona servicios esenciales, no solo oxígeno o agua limpia, sino también salud. Cuanto más equilibrado está un ecosistema, mejor vivimos. Segundo, la biodiversidad doméstica, las variedades agrícolas y razas de ganado de las que dependemos. Aquí cobra sentido el viejo refrán de: “no poner todos los huevos en la misma cesta”. Si solo criamos vacas adaptadas a pastos frescos y el clima cambia, nos quedamos sin vacas. La diversidad es un seguro de vida. Y tercero, la especie humana, que también forma parte de esa biodiversidad. El corazón del Programa MaB consiste precisamente en demostrar que es posible compatibilizar altos valores de biodiversidad con desarrollo socioeconómico sostenible.

Proteger la biodiversidad iberoamericana es clave para la estabilidad ecológica y alimentaria del planeta

América Latina es una de las regiones más biodiversas y también más vulnerables del planeta. ¿Qué la hace tan singular y por qué su protección es estratégica a escala global?

Iberoamérica y el Caribe concentran algunos de los grandes puntos calientes de biodiversidad del planeta. Biomas como la Amazonía, el Chaco o la selva maya albergan una enorme riqueza de especies, muchas de ellas endémicas. Pero la singularidad no está solo en lo silvestre. También es cuna de la biodiversidad doméstica que alimenta al mundo: variedades de maíz, patata, calabaza y otros cultivos. Perderla o sustituirla por monocultivos supone un riesgo estratégico, por eso proteger la biodiversidad iberoamericana no es solo una cuestión local: es clave para la estabilidad ecológica y alimentaria del planeta. 

IberoMab agrupa 204 reservas de la biosfera en 24 países. ¿Por qué es tan importante el trabajo en red para afrontar desafíos como el cambio climático o la pérdida de biodiversidad?

Las reservas de la biosfera demuestran que conservar la biodiversidad y garantizar el bienestar de las personas son objetivos complementarios. Cada una cuenta con su propio plan de gestión y modelo de gobernanza, pero comparten una idea clave: la gestión participativa de quienes viven en el territorio. Asociaciones, comunidades indígenas, organizaciones sociales y administraciones toman decisiones juntas. La otra pieza fundamental es el trabajo en red. IberoMab, creada en 1997, conecta reservas que abarcan unos 3,5 millones de kilómetros cuadrados y fomenta el intercambio de conocimientos y proyectos conjuntos. Un ejemplo son las reservas transfronterizas, donde el diálogo técnico cotidiano y el trato personal ayudan a encontrar mejores soluciones e incluso a resolver conflictos que a nivel político muchas veces parecen insalvables. Por eso decimos que trabajar en red multiplica el impacto. IberoMab no es solo una red de territorios protegidos, sino un laboratorio continental de desarrollo sostenible y construcción de paz donde las comunidades locales tienen voz y voto.

Ante el cambio climático, la clave es anticipar

Huracanes, inundaciones, sequías o incendios golpean cada vez con más fuerza a la región. ¿Qué aprendizajes están generando las reservas de la biosfera para aumentar la resiliencia de los territorios?

Una de las fortalezas de IberoMab es su programa de capacitación. A lo largo de su historia ha realizado más de 60 talleres y más de 3.000 personas se han formado. En los últimos años, el foco está en la resiliencia climática. Se trata de entender qué está pasando con la biodiversidad y qué escenarios podemos esperar en las próximas décadas. La clave es anticipar. Con el cambio climático, muchas especies tendrán que desplazarse para sobrevivir, y las personas también. Ya vemos migraciones climáticas y fenómenos extremos cada vez más frecuentes. Por eso trabajamos en analizar escenarios futuros y en crear corredores biológicos que permitan el movimiento de especies. Necesitamos territorios conectados y preparados para el cambio. 

IberoMab promueve la participación de pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes en la gobernanza. ¿Qué aportan sus conocimientos tradicionales a la gestión del territorio?

Estas comunidades llevan miles de años habitando ecosistemas de forma sostenible. Conocen el territorio en profundidad: saben cuánto cortar, dónde cultivar o cómo utilizar los recursos sin agotarlos. Ese saber es invaluable. Muchas veces saben mantener poblaciones de especies en equilibrio, controlar plagas o gestionar el territorio con gran precisión. Incorporarlos a la gobernanza no es solo una cuestión de justicia. Es inteligencia. Su experiencia y su conocimiento del territorio son fundamentales para una gestión sostenible.

P: Los jóvenes son una prioridad para el Programa MAB. ¿Qué papel juegan las nuevas generaciones en la transformación ambiental?

Los jóvenes son prioritarios para la UNESCO desde el último Congreso Mundial de Reservas de la Biosfera celebrado en China en otoño de 2024. El nuevo plan estratégico aprobado allí subraya la necesidad de incorporarlos a todos los niveles de gobernanza. Aportan nuevas formas de pensar, de comunicarse y de organizarse. Han crecido en la era digital y tienen gran capacidad para movilizarse y generar redes. Pero además hay una razón muy práctica: sin jóvenes no hay futuro para los territorios. Si participan en las decisiones, si ven oportunidades y se sienten orgullosos de su tierra, es más probable que se queden. En muchos lugares de Iberoamérica todavía hay una población joven importante. Integrarlos en la gestión territorial es una oportunidad que no podemos desaprovechar.

Ante el auge del negacionismo climático y algunos retrocesos en políticas ambientales, ¿qué estrategia debemos seguir para contrarrestarlo?

No soy experto en este tema, pero creo que la clave está en la educación y la sensibilización. Los datos científicos muestran claramente que las temperaturas están aumentando y que los cambios se producen a gran velocidad. Sin embargo, esos datos muchas veces caen en terreno estéril. Por eso es fundamental formar desde edades tempranas en el respeto a los ecosistemas y en un uso responsable de los recursos. 

P: De cara a los próximos años, ¿qué papel puede jugar la Red IberoMab en el contexto iberoamericano y global? 

IberoMab es una gran oportunidad para la región. Demuestra que es posible compatibilizar ecosistemas bien conservados con desarrollo socioeconómico sostenible y equidad social. Su fortaleza está en ser un marco de diálogo y gestión compartida entre las administraciones y las comunidades locales. Esa gobernanza participativa es clave para mantener paisajes, culturas y formas de vida. Pero todavía queda mucho camino por recorrer: más reservas por declarar, más cooperación entre territorios y más capacitación. El mensaje a la ciudadanía es claro: IberoMab no es solo conservación. Es también una forma de vida más equilibrada y menos destructiva, y probablemente nuestra mejor oportunidad frente a la crisis climática.

Iberbio, una red por el diálogo político y técnico

La red IberBio impulsa la cooperación iberoamericana en políticas públicas de biodiversidad. A diferencia de IberoMab, centrada en la gestión territorial de las reservas de la biosfera, IberBio trabaja en la coordinación de estrategias, marcos normativos y agendas regionales para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad. Ambas iniciativas comparten objetivos: proteger los ecosistemas, promover el desarrollo sostenible y fortalecer la inclusión social en la gestión ambiental. Mientras IberoMab conecta territorios y experiencias locales, IberBio articula el diálogo político y técnico entre gobiernos. Actualmente, IberBio está en proceso de integrarse en la Plataforma de Redes Iberoamericanas de SEGIB, un espacio que busca reforzar la cooperación regional entre iniciativas especializadas.

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