Corina Rodríguez Enríquez: “Hay recursos para los cuidados pero están concentrados”

Investigadora del CONICET en el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (CIEPP)

Corina Rodríguez Enríquez: “Hay recursos para los cuidados pero están concentrados”

En el marco del Encuentro de Ministras y Ministros Iberoamericanos que elevará la Carta Iberoamericana de Cuidados a la Cumbre de Jefas y Jefes de Estado, conversamos con la economista feminista Corina Rodríguez Enríquez, investigadora del CIEPP. En esta entrevista para Somos Iberoamérica, la investigadora desarma los mitos presupuestarios de los Estados sobre falta de recursos, analiza las experiencias pioneras de la región como las «Manzanas de Cuidado» de Bogotá y advierte de que el actual sistema de protección social está agotado. «Todas las personas necesitamos cuidados», recuerda.

Empezó a investigar el cuidado en un momento en que la economía casi no lo miraba. ¿Qué la convenció de que ahí había una cuestión económica, y no solo social? 

Yo soy economista, me formé en la universidad de Buenos Aires con un tipo de formación bastante ortodoxa con la que aprendí la teoría económica neoclásica donde toda la dimensión de la reproducción no tenía lugar. Cuando terminé mis estudios, me quedé con una sensación de que lo que había aprendido no me servía para explicar la realidad. Años después me fui a hacer una maestría a Países Bajos y ahí descubrí que existía algo que se llamaba economía feminista. Era muy incipiente, eran fines de los 90. Me adentré en toda esta literatura feminista y me abrió este mundo del rol económico sistémico de lo que hoy llamamos trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. 

La organización social del cuidado es injusta y es un vector de reproducción de desigualdad

Usted prefiere hablar de «rol económico y sistémico de los cuidados» antes que de «economía del cuidado». ¿Cómo lo definiría? 

Nos referimos a cómo las sociedades resuelven las necesidades de cuidados de su población, entendiendo los cuidados en un sentido amplio, como todas aquellas actividades que son necesarias para reproducir cotidianamente la vida y satisfacer las necesidades y deseos de la población. Cuando a esta noción de cuidados le agregamos la noción de lo económico, ya sea la forma de economía del cuidado o en la forma de rol económico de los cuidados, nos referimos a que garantizan la reproducción del sistema tal como funciona y contribuyen a generar valor económico. 

¿Cómo está hoy Iberoamérica en materia de cuidados: mejor, peor o igual que hace diez años? ¿La «crisis de los cuidados» siempre estuvo ahí? 

Quienes trabajamos en estos temas, repetimos un mantra: la organización social del cuidado es injusta y es un vector de reproducción de desigualdad. Y es un mantra que yo creo que era válido cuando empezamos a pensar en el tema y que sigue siéndolo ahora. La forma en que se organizan los cuidados es injusta porque los tiempos, los trabajos y las responsabilidades de cuidado están distribuidas de manera muy desigual entre los actores del cuidado, es decir, los hogares, el estado, el mercado y la comunidad. Además, esa distribución desigual opera sobre las oportunidades o restricciones de proyectos de vida, donde quienes ejercen en mayor medida las responsabilidades de cuidado ven empantanados sus proyectos de vida. Son las mujeres, las identidades racializadas, fundamentalmente las mujeres más pobres. En el caso de América Latina, estoy convencida que sigue siendo así, pero también es cierto que ha habido pequeños avances. Uno de ellos es que hemos conseguido poner el tema en la agenda. Es un tema del que se habla, del cual hay proyectos políticos de transformación y que se ha sido asumido como un elemento de la agenda de política pública. Pero c omo cualquier transformación social de esta envergadura, el cambio es muy lento, aunque lo importante es que se siga moviendo. Porque sabemos que los progresos en la historia no son lineales, hay avances y retrocesos. Y yo creo que esta, que es una agenda que llevó un par de décadas, tuvo su momento de mayor apogeo, pero hoy, por lo menos en muchos países de América Latina, está viviendo una etapa de retroceso. 

El reconocimiento de los cuidados por Corte Interamericana de Derechos Humanos fue un gran avance

¿Qué país o experiencia concreta de la región le parece hoy la más interesante para mirar y por qué? 

Está el caso pionero de Uruguay, que sin duda es relevante nombrarlo. Uruguay fue el primer país que empezó a construir un sistema nacional de cuidados y que avanzó. Construyó una gobernanza e instituciones específicas, coordinó con las instituciones existentes y comenzó a proveer servicios concretos. Pero a mí me parece también muy interesante el caso de Colombia, que consiguió desarrollar su sistema distrital de cuidados en la ciudad de Bogotá, un sistema innovador muy arraigado al territorio, con mucha orientación a las personas cuidadoras con el objetivo de liberarles tiempo para que puedan terminar su formación, para que tengan tiempo de descanso y de recreación. Por último, un país que avanzó notoriamente es Chile, que consiguió avances normativos hasta el último día de gestión del anterior gobierno, que siguió empujando la agenda y construyó institucionalidad y normativa. Por último, creo que también ha sido un avance para la región el resultado de la opinión consultiva que se elevó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que respondió favorablemente reconociendo la existencia del derecho al cuidado. Eso tiene mucha potencia porque supone una herramienta de exigibilidad a los Estados que antes no teníamos.

El principal argumento de los Gobiernos para dilatar los Sistemas Integrales de Cuidados suele ser la falta de espacio fiscal. ¿Es posible sostener la Carta Iberoamericana sin una reforma tributaria progresiva que obligue a los mercados a pagar este sustrato de vida?

El argumento de que no hay plata es una falacia. Hay diez personas en el mundo que concentran tanta riqueza como la mitad de la población. Hoy los gobiernos y ministros de Finanzas que dicen no hay recursos para las políticas de cuidado, son los mismos que dan un subsidio a la producción de litio o a la producción de petróleo, actividades que afectan negativamente la vida. Los recursos existen, solo que están concentrados; tan concentrados, que es muy fácil saber dónde están. Para mí, la discusión del financiamiento es una discusión principalmente política y es un tema de justicia distributiva, donde la política fiscal es esencial. En América Latina, los sistemas tributarios siguen siendo sistemas muy regresivos, es decir, sistemas basados en impuestos que, en términos relativos, gravan más a quienes menos tienen y menos ganan. Hace falta reformar esos sistemas, y para mí, de lo que se trata es de impulsar una reforma tributaria progresiva que amarre en una política de gasto también redistributivo. Es necesario para la propia supervivencia del sistema. Podemos seguir con esta lógica, pero en algún momento estallará, y eso cala y genera una reacción. Por eso uno de los desafíos centrales es cómo hacemos esto con lógicas democráticas. Desde el movimiento feminista, vemos que las transformaciones son posibles, lo vimos cuando las mujeres no votábamos o con el derecho al aborto… Por eso con la persistencia, con la lucha y con mucha imaginación política vamos a avanzar en esta agenda.

Es clave que cualquier sistema de cuidado se construya sobre la noción de derecho

Con niveles tan elevados de informalidad laboral en Iberoamérica, ¿cómo debe diseñarse un Sistema Integral para que la corresponsabilidad sea real y no un eufemismo? ¿Cómo involucrar a los hombres y las empresas?

Yo creo que tiene que ser un sistema que desvincule lo más posible la provisión de cuidados de la posición de las personas respecto del mercado laboral y de las actividades económicas. En ese sentido, me parece que es clave que cualquier sistema de cuidado se construya sobre la noción de derecho. Si hay un derecho al cuidado, el Estado lo tiene que garantizar, y yo tengo derecho al cuidado independientemente de que sea una trabajadora asalariada, independiente, informal, desocupada o una persona inactiva. Además, me parece que hay que diseñar los sistemas en función de las distintas realidades. No es posible tener una receta única del sistema de cuidados. Un sistema más asociado al sistema de protección social puede funcionar bien en Uruguay, por ejemplo, pero un sistema arraigado en lo territorial puede funcionar mejor en Colombia. 

Un sistema de cuidados es transformador cuando involucra a los hombres, al sector privado y a la política pública

En los países iberoamericanos con mayor formalidad laboral, puede que tengan más avances en materia de licencias laborales vinculadas con el cuidado o parentales. Pero ese tipo de avances cobra un sentido menor en países donde el nivel de informalidad laboral es muy alto. Además, es muy importante tener en cuenta tanto el derecho de las personas que requieren cuidados, que somos todas, como el derecho de las personas que cuidan y las condiciones en las que se produce ese cuidado. Por último, me parece fundamental que los sistemas de cuidado se diseñen con una pretensión transformadora. Un sistema de cuidados es transformador cuando involucra a los hombres, al sector privado y a la política pública.