Los galpones siguen en pie, pero ya no recuerdan qué fueron. Las persianas bajadas conviven con aceras estrechas, apenas iluminadas, pensadas más para el tráfico que para el paso. Donde antes hubo talleres, comercio y vida barrial, hoy quedan edificios vacíos, solares sin uso y calles que se cruzan rápido, sin parar . El centro de Córdoba, en Argentina, todavía late, pero lo hace desacompasado, como si dudara de su capacidad de insuflar vida.
Córdoba creció rápido. Demasiado rápido. Mientras sus barrios periféricos se extendían sin descanso, el área central empezó a vaciarse: edificios cerrados, locales abandonados y cada vez más veredas desconectadas del río y del tejido urbano vivo. “No es que el centro haya perdido valor inmobiliario —dice Emilia Balacco—, ha perdido valor urbano, valor como lugar para vivir”.
Balacco es arquitecta y forma parte de la asociación civil Juntas por el derecho a la ciudad, integrada exclusivamente por mujeres —arquitectas, politólogas y sociólogas— que desde hace siete años trabaja en Córdoba con una pregunta incómoda: ¿para quién están pensadas nuestras ciudades? Esa pregunta es el punto de partida de Revivir Urbano, el proyecto que acaba de ganar la cuarta edición del Concurso Vida Urbana: Ideas para la Transformación Urbana Sostenible, impulsado por la AECID y la SEGIB con el apoyo de la Comisión Europea
El premio es importante, pero no es lo esencial. Lo verdaderamente relevante es el diagnóstico que pone sobre la mesa y la propuesta que articula: regenerar el centro de la ciudad sin expulsar a quienes lo habitan, volver a densificar sin gentrificar, coser barrios en lugar de seguir extendiendo la mancha urbana. Y hacerlo desde una mirada feminista, que pone el cuidado, la proximidad y la vida cotidiana en el centro del urbanismo.
El centro que se apaga, la periferia que se desborda
En América Latina, donde el 81% de la población ya vive en ciudades, millones de personas habitan centros históricos degradados mientras las periferias crecen sin infraestructuras ni servicios eficientes. Megaciudades como Ciudad de México (21 millones de habitantes) o São Paulo (23 millones), sufren un crecimiento descontrolado, abandono, inseguridad y contaminación grave. La pobreza multidimensional alcanza al 15% de la población urbana, según un estudio de ECLAC y UNDP realizado en 2025.
El patrón se repite en buena parte de la región y no son solo datos: impactan vidas reales. En Córdoba, la segunda ciudad más poblada de Argentina con 1,5 millones de habitantes, la especulación inmobiliaria, los cambios en las funciones tradicionales del centro y los efectos pospandemia (oficinas vacías, edificios sin uso, menos gente residiendo…), han dejado amplias zonas centrales desconectadas y deterioradas.
El resultado es una ciudad más desigual. Barrios donde llegar al centro requiere dos o más colectivos, mujeres que invierten horas diarias en desplazamientos, personas mayores aislada, comercios de proximidad que desaparecen.
Regenerar sin desplazar
Frente a ese modelo, Revivir Urbano propone intervenir en un sector concreto del área central de Córdoba, elegido precisamente por su potencial desaprovechado. No para imponer un proyecto cerrado, sino para ensayar un modelo replicable.
La propuesta se articula en torno a cuatro ejes: recuperación de espacios públicos y áreas verdes, renovación del tejido urbano existente, infraestructuras para la vida cotidiana y movilidad accesible y segura. Pero hay un punto clave que toca todo: evitar la gentrificación.
“Queríamos poner en valor el sector sin expulsar a las personas que ya viven ahí”, explica Balacco. “Ni a quienes viven hoy ni a quienes podrían volver a vivir en el centro”. Por eso, el proyecto plantea que al menos el 25 % de las nuevas edificaciones se destinen a vivienda social, y que la renovación urbana no dispare los precios ni del alquiler ni de la compra. No se trata solo de vivienda. Se trata de identidad barrial. “Antes conocías a la persona que atendía la verdulería, al comerciante de la esquina. Eso se fue perdiendo con los hipermercados y la especulación. Y con eso se pierde comunidad”.
Urbanismo feminista: otra forma de mirar la ciudad
Que el equipo esté formado íntegramente por mujeres no es anecdótico. Es parte del enfoque. “Las ciudades han sido históricamente pensadas desde una mirada androcéntrica”, señala Balacco. “Un hombre de clase media, heterosexual, con coche, sin responsabilidades de cuidado. Ese ha sido el modelo”.
El urbanismo feminista cuestiona esa norma y amplía la pregunta: ¿qué pasa con las mujeres cuidadoras, con las infancias, con las personas mayores, con quienes tienen alguna discapacidad, con las diversidades sexuales? “La ciudad no está pensada para las tareas de cuidado”, insiste. “Una mujer que lleva a sus hijos al colegio, que va a trabajar, que hace la compra y cuida de familiares mayores recorre la ciudad de otra manera. Necesita proximidad, transporte accesible, veredas transitables, seguridad. El tiempo que la ciudad te ahorra es tiempo que ganas para vivir”, dice Balacco. Y añade una idea clave: uno de los grandes problemas en términos de pobreza estructural tiene que ver con la pobreza de tiempo.
Por eso el proyecto defiende la vida en áreas centrales, donde ya existen infraestructuras, servicios, escuelas y hospitales. “No puede ser que tengamos que caminar veinte minutos cargando bolsas, niños y mochilas, pensando que no llegaremos a tiempo al siguiente destino. Si las mujeres interfiriéramos a la hora de pensar las ciudades, indudablemente los resultados serían otros. De ahí la importancia de incorporar la perspectiva de género en la planificación urbana”, sentencia.
Un concurso para dar espacio a buenas prácticas
El Concurso Vida Urbana, en su última edición (2025), recibió 86 propuestas de 14 países y 68 ciudades, con un dato significativo: el 93 % de los equipos contaba con al menos un 40 % de mujeres. El jurado valoró proyectos que entendieran la vivienda como parte de un hábitat integral, más allá de las cuatro paredes.
El premio no implica la ejecución directa del proyecto. Y las autoras lo saben. “Implementar acciones que no estén en la agenda política municipal es muy complejo”, reconoce Balacco. El contexto económico y político nacional tampoco ayuda. Pero algo se ha movido. “Después del concurso, empezamos a ser convocadas desde la Dirección de Planeamiento Urbano para pensar la revitalización de otros barrios y, en ese sentido, estamos contentas”, explica.
Además, algunas actuaciones municipales —como la transformación de una de las avenidas que bordea el sector estudiado— van en la línea de lo propuesto: transporte público, iluminación, vegetación, espacio para caminar. “Son pequeños pasos que también cuentan”.
Aún así, el equipo no renuncia al proyecto original. “No lo soltamos”, dice Balacco con una sonrisa que trasluce posibilidades. “Vamos a seguir insistiendo”. Porque más allá del premio, Revivir Urbano es una herramienta en el sentido más profundo: pone datos, argumentos y propuestas sobre la mesa, que invitan a pensar la ciudad de otra manera.
El concurso, que ha movilizado 259 propuestas desde 2022, no levanta edificios de momento, pero ha construido algo igual de importante: un relato alternativo sobre cómo imaginar la ciudad.
Otros premiados: Innovación desde el sur
- Segundo Premio: Centralidades Tejidas: Redes socioecológicas del cuidado (Envigado, Colombia). Propone centralidades barriales interconectadas con lotes renaturalizados para resiliencia climática y tejido social.
- Tercer Premio: La Femineta: un dispositivo móvil educativo de intervención espacial (Quito, Ecuador). Módulo móvil para educar e intervenir en equidad de género y accesibilidad urbana.