Hay islas donde los libros llegan flotando. Aparecen por la mañana entre la niebla de los canales de Chiloé, al sur de Chile, amarrados a una lancha que transporta cuentos, talleres, conciertos y noticias del resto del mundo. Hablamos de la Bibliolancha Itinerante, proyecto chileno que forma parte de Iberbibliotecas y que ya cuenta con casi tres décadas de experiencia recorriendo lugares remotos y llevando algo tan cotidiano como el acceso a la cultura a lugares donde sigue siendo una excepción.
Allí, la desigualdad ya no es solo una cuestión económica, es una cuestión territorial. La distancia determina quién puede acceder al conocimiento y quién queda fuera. Ante este aislamiento, la imaginación salva las barreras de la geografía para que llegue la cultura.
Soluciones nacidas del territorio: de bibliolanchas a mototecas
Porque donde no existen infraestructuras, una solución es que los libros busquen a sus lectores. Así lo hacen programas de cooperación como Iberbibliotecas, impulsados por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).
Ante el aislamiento, la imaginación salva las barreras de la geografía para que llegue la cultura
A muchos kilómetros de esas barcazas llenas de libros y en esa misma cordillera, en Perú, en las provincias de Jaén y Cutervo, existe la Mototeca, una biblioteca sobre ruedas que acerca la lectura y la educación a más de 1.000 personas, entre niños, niñas, jóvenes y adultos, bajo el lema de “ruta sin fronteras” de manera gratuita. El proyecto nació de un deseo de cambio y mejora para la comunidad: “Mi sueño como lectora era que los niños y niñas de mi pueblo tuvieran la oportunidad de conocer nuevos mundos, viajar a otros países, conocer aventuras y descubrir quiénes son y lo que pueden hacer sin necesidad de dejar su pueblo”, comparte Isbel Mabel García Romero, responsable del proyecto.
Donde los espacios culturales son casi inexistentes, la Mototeca no solo fomenta la lectura, sino que combate activamente el aislamiento. “Nuestro objetivo es convertir los libros en compañeros cotidianos, estimulando la creatividad de los niños y fomentando la escritura de historias relacionadas con su entorno”, afirma García Romero. “A través de Mototeca, hemos creado actividades como la recuperación de la memoria local para preservar la memoria histórica y promover la identidad y sentimiento de pertenencia de nuestras comunidades”.
En Colombia, en Cicuco, un lugar de 103 kilómetros cuadrados entre ríos, ciénagas y humedales, donde a la comunidad se la reconoce como “anfibia” por vivir entre aguas y tierras, el proyecto Tejiendo Sueños, fortalece y teje lazos entre la comunidad mediante la promoción de la lectura, la escritura y la oralidad. Allí, la biblioteca es un lugar de encuentro donde las mujeres reclaman su voz. “Para nosotras, las bibliotecas públicas son nuestras herramientas de transformación social”, declara Wendy Turizo Acuña, responsable de esa especial “casa de libros”, parte también de Iberbibliotecas.
Conocimiento después de la alfabetización
Detrás de iniciativas como Tejiendo Sueños o Mototeca, hay una pregunta más amplia: ¿qué significa hoy alfabetizar? Durante décadas, las políticas de alfabetización se centraron en enseñar a leer y escribir. Sin embargo, en territorios donde el acceso a los libros, la información y los espacios culturales sigue siendo limitado, el desafío va mucho más allá de descifrar palabras.
La UNESCO declara que la alfabetización implica también acceder al conocimiento, interpretar la realidad, expresarse y participar en la vida cultural de una comunidad, “no es un acto aislado”, afirma la organización. Es decir, la alfabetización significa poder contar la propia historia y conocer las de otros, como expresa Isbel Mabel García Romero, responsable de la Mototeca. En Chiloé, la Bibliolancha lleva años ampliando esos horizontes a través de actividades que combinan lectura, patrimonio y exploración del territorio: “Hemos venido con la bibliolancha a ver lobos de mar, agradezco mucho que nos haya cumplido este maravilloso sueño de verlos en su hábitat real”, comparte Alonso, joven estudiante de la Escuela de Huite, en Chile, regresando en la lancha tras la actividad.
Son grandes historias que dan sentido al trabajo de Iberbibliotecas: una apuesta regional de la cooperación iberoamericana para demostrar que allí donde la geografía levanta muros, los libros siempre encuentran la manera de construir puentes.