Sargazo: la marea marrón que desafía al Caribe

Sargazo: la marea marrón que desafía al Caribe

Las playas cristalinas de arena blanca que caracterizan la región caribeña, a veces ya no lo son. En muchas costas, el paisaje idílico se rompe con una franja espesa e interminable de algas marrones acumuladas en la orilla. El responsable es el sargazo, una macroalga que, aunque siempre ha formado parte del océano Atlántico, en la última década se ha convertido en uno de los mayores desafíos ambientales, económicos y sociales para la región. 

Lo que durante siglos fue un fenómeno natural se ha transformado en una crisis que moviliza a gobiernos, científicos y comunidades enteras. El sargazo afecta al turismo, la pesca, la salud pública y la vida cotidiana de miles de personas que viven en las zonas costeras del Caribe.

Las imágenes satelitales del Atlántico tropical no dejan lugar a dudas. Cada año muestran una masa gigantesca de algas flotantes conocida como el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, que se extiende desde África occidental hasta el Caribe. En los últimos años su tamaño ha alcanzado niveles sin precedentes. 

El sargazo es una macroalga, es hoy uno de los mayores desafíos ambientales, económicos y sociales del Caribe

Según el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida, organización que monitorea el fenómeno por satélite desde 2011, la masa de algas detectada en el Atlántico tropical alcanzó los 38 millones de toneladas en 2025 –la mayor cantidad registrada hasta la fecha—, una cantidad que llenaría 15.200 piscinas olímpicas. Cuando el conglomerado marrón toca tierra, el problema está servido.

De ecosistema natural a crisis regional

El sargazo no es, en sí mismo, ni enemigo del ser humano ni mucho menos del océano. Durante siglos ha sido parte esencial del ecosistema del Atlántico, proporcionando refugio y alimento a numerosas especies marinas. Lo que ha cambiado es la escala. ¿El motivo de este cambio? No hay quorum. Sin embargo, diversos estudios científicos apuntan a una combinación de factores que podrían estar impulsando esta proliferación: el aumento de nutrientes procedentes de ríos como el Amazonas y el Congo, cambios en las corrientes oceánicas y el calentamiento de las aguas del Atlántico asociado al cambio climático. 

Cuando enormes masas de esta alga llegan a la costa y se acumulan durante días o semanas, el alga comienza a descomponerse. En ese proceso libera gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, responsables del olor que invade las playas. 

El impacto no solo es estético o turístico. La acumulación de sargazo puede bloquear la luz solar necesaria para los corales y reducir el oxígeno del agua, lo que daña arrecifes, praderas marinas y otros ecosistemas costeros. Pero las consecuencias no se quedan solo en el mar. Cuando el sargazo llega a tierra, el impacto no se mide solo en términos ambientales.

Triple golpe: economía, turismo, comunidades

En el Caribe, donde el turismo representa alrededor del 12% del PIB regional y uno de cada seis empleos, según World Bank Blogs, el sargazo se ha convertido en una amenaza económica real. En destinos como Tulum, en México, algunos empresarios han reportado caídas drásticas de visitantes y ocupaciones hoteleras de apenas el 40% en temporadas con fuerte presencia de sargazo. El problema afecta a toda la cadena económica: hoteles, restaurantes, operadores turísticos, transporte y comercio local.

República Dominicana, uno de los destinos turísticos más importantes del Caribe, también se enfrenta cada año al fenómeno. El país ha invertido millones de dólares en sistemas de barreras flotantes, embarcaciones de recogida y limpieza de playas para contener las mareas de algas. Solo en algunas zonas turísticas como Punta Cana o Bávaro, hoteles y autoridades locales destinan cientos de miles de dólares por temporada a retirar el alga antes de que se acumule en la costa. Pero el problema tampoco se limita al turismo.

En muchas comunidades costeras del Caribe, el mar no es solo paisaje: es trabajo y sustento. Desde Baracoa, en Cuba, hasta pequeñas localidades del litoral dominicano, pescadores artesanales se enfrentan como saben y pueden a la situación. Denuncian las consecuencias más cotidianas del sargazo: problemas con las redes y los motores de las embarcaciones de pesca, zonas de pesca bloqueadas y alteración de los ecosistemas de los que dependen. En algunas localidades, los vecinos describen el fenómeno como “una alfombra marrón” que transforma completamente el paisaje costero y obliga a retirar toneladas de algas cada día para mantener las playas transitables. 

La situación es especialmente complicada para pequeñas islas o localidades con recursos limitados, que deben enfrentar el problema sin la capacidad logística de los grandes destinos turísticos. Ante la magnitud del fenómeno, algunos países caribeños han empezado a llevar la crisis al plano diplomático.

Dominicana impulsó la 1º resolución internacional dedicada al fenómeno del sargazo

República Dominicana ha sido uno de los países más activos en este terreno. En diciembre de 2025, la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA), el principal órgano mundial de toma de decisiones en materia ambiental adoptó la primera resolución internacional dedicada al fenómeno del sargazo, presentada por el país caribeño y copatrocinada por Barbados y Jamaica.

El texto reconoce que las avenidas masivas de esta macroalga constituyen un problema ambiental, económico y social grave para el Gran Caribe, con impactos sobre la biodiversidad marina, la pesca, el turismo y la salud pública. La resolución pide reforzar la investigación científica, mejorar los sistemas de monitoreo y movilizar financiación y cooperación internacional para enfrentarlo.

En distintos foros internacionales, las autoridades dominicanas han insistido en que la respuesta no puede ser nacional. Durante la Conferencia de los Océanos de Naciones Unidas de 2025, el presidente dominicano, Luis Abinader, pidió tratar el fenómeno como una emergencia regional que requiere una respuesta global coordinada. “La respuesta a este mal no puede ser unilateral. Debemos actuar como la comunidad que somos, con responsabilidad compartida y solidaria activa”, señaló.

Cooperación iberoamericana frente al sargazo

En este contexto, el fenómeno también empieza a ganar espacio en la agenda de cooperación entre regional. La Carta Medioambiental Iberoamericana, aprobada en la Cumbre Iberoamericana de Santo Domingo en 2023, establece un marco de cooperación entre los países de la región para enfrentar retos ambientales comunes. El documento fija principios y prioridades compartidas en ámbitos como la biodiversidad, los océanos, el cambio climático o la gestión sostenible de los recursos naturales. Entre sus objetivos: reforzar la cooperación científica, el intercambio de información y las políticas públicas coordinadas frente a problemas ambientales transfronterizos. Aunque el texto no menciona específicamente el sargazo, varios países caribeños han defendido que el fenómeno debe integrarse dentro de esta agenda de cooperación regional. La lógica es clara: si el problema es transfronterizo, también deben serlo las respuestas.

La Agenda Ambiental Iberoamericana reconoce el sargazo como problema regional y propone trabajar en su detección temprana

Ahora ese marco avanza hacia compromisos más concretos. La Agenda Medioambiental Iberoamericana, adoptada en la XIII Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Medio ambiente y Clima, da un paso más allá al reconocer el sargazo como un problema regional. Para abordarlo, plantea acciones específicas de cooperación relacionadas con el monitoreo y los sistemas de alerta temprana, la investigación y el intercambio de experiencias, y la gestión y coordinación de la retirada de esta alga.

De problema a oportunidad

Mientras las playas siguen recibiendo toneladas de algas cada temporada, científicos y emprendedores buscan formas de convertir el problema en una oportunidad.

En varios países del Caribe ya se están desarrollando proyectos para transformar el sargazo en fertilizantes, materiales de construcción, biocombustibles e incluso cosméticos. En el estado insular de Granada, por ejemplo, diversos proyectos exploran nuevas formas de aprovechar esta macroalga dentro de un modelo de economía circular. Otros países también están apostando por recoger el sargazo directamente en el mar antes de que llegue a la playa, cuando aún está fresco y puede procesarse más fácilmente.

La meta no es eliminarlo completamente —algo que los científicos consideran improbable— sino aprender a gestionarlo.

El Caribe, una de las regiones más vulnerables al cambio climático y al mismo tiempo más dependiente de sus ecosistemas marinos, está en primera línea de este desafío.

Cada temporada, cuando el sargazo arriba y tiñe de marrón las orillas turquesa del Caribe, recuerda que la salud del océano, la economía del Caribe y el bienestar de millones de personas están profundamente conectados. Y que, frente a problemas de esta escala, la respuesta no puede ser solo local. Tiene que ser regional y cada vez más global.

Seguir leyendo