2017
“El cambio climático requiere de un enfoque integral por parte de las ciudades argentinas”
En los últimos años, Argentina ha sido uno de los países de América Latina donde el cambio climático ha provocado mayor impacto.
Las ciudades del futuro en América Latina: menos autos, menos jóvenes, pero más "inteligentes"
Cuando desde la cabina del piloto anuncian el descenso a Buenos Aires, los pasajeros comienzan a prepararse para el aterrizaje mientras se asoman a las ventanillas. Durante varios minutos, desde el aire se ve la capital argentina infinita en viviendas, altas torres de edificios, autopistas y grandes construcciones.
¿Qué les preocupa a los latinoamericanos sobre la economía?
Después de seis años de una dura desaceleración económica, América Latina y el Caribe retoman la senda de crecimiento este año, con un avance de 1,2 %, que se consolidará en 2018 con un 2,3 %, empujado, principalmente, por Argentina y Brasil. México, por su parte, crecerá por encima del 2 %, aunque los terremotos recientes pueden tener un impacto en las proyecciones para el próximo año. Pero la situación fiscal de la región –es decir, su alto nivel de endeudamiento–sigue preocupando. Según el informe semianual de la Oficina del Economista Jefe del Banco Mundial para Latinoamérica, 28 de 32 países de #AmLat tendrán saldo fiscal negativo en 2017. Se calcula que las tasas de deuda promedio alcanzarán casi un 60 % del PIB, mientras que en seis países estas serán superiores al 80 %. La región, según el informe, vive un dilema en su política monetaria: ¿qué hacer para crecer sin que haya una devaluación o un aumento de la inflación? Esta y otras preguntas se hicieron varios participantes en un chat durante la presentación del informe y fueron contestadas por el economista Luis Morano, uno de los coautores del reporte. Estas son algunas de las preocupaciones de los latinoamericanos: Carlos, desde Washington: Para los países industrializados es más fácil aplicar políticas monetarias sin esperar un gran impacto en la inflación o la depreciación. ¿Por qué en América Latina eso no es posible? ¿Hay algún caso de éxito en la región? Luis Morano: La razón por la cual los países de la región, en particular los de Sudamérica, han tenido dificultades a la hora de aplicar políticas monetarias contra cíclicas, se debe a que en general la inflación y el crecimiento del producto se han correlacionado negativamente a lo largo de la historia (a diferencia de lo que ocurre en países industriales). Mejorando su marco institucional, logrando la independencia de su Banco Central y disminuyendo el grado de dolarización de su economía, Chile es el mayor exponente de la región que ha alcanzado llevar a cabo políticas monetarias contracíclicas. Gabriela, desde Brasil: ¿Cómo aplicar medidas de política monetaria que no estimulen la inflación y la depreciación? Luis Morano: Ahí radica el dilema de política monetaria que enfrentan los países de la región y que se trata en el informe. El desafío que enfrentan los bancos centrales es estabilizar las presiones cambiarias y la aceleración inflacionaria, aumentando las tasas de interés o bajarlas para así estimular la actividad económica. Algunos países han optado por resolver este dilema de forma secuencial, como Brasil, por ejemplo, que aumentó la tasa entre fines de 2014 y fines de 2015, para así poder estabilizar el tipo de cambio y, a partir de finales de 2016, ha bajado la SELIC para reactivar la economía. Alison, desde Perú: El constante abultamiento del gasto público y su indebida distribución hace frágil a América Latina afectando los países de la región y creando más desigualdad ¿Qué hacer en este contexto? Luis Morano: Algunos países de la región están comenzando a ajustar sus cuentas fiscales. En este contexto, son vitales las reformas tributarias que mejoren la capacidad recaudatoria del fisco para así poder llevar a cabo ajustes fiscales graduales, minimizando inequidades en la asignación del gasto. Elena, desde Argentina: Me interesaría el papel que jugarán organismos multilaterales para potenciar el desarrollo de sus Estados Miembros y reforzar el papel que juegan las economías medianas en el mundo. También me pregunto cómo los desafíos económicos a los que se enfrentan los países del MERCOSUR pueden suponer un freno a la integración regional Luis Morano: En un contexto de desaceleración de los factores externos asociados al crecimiento de la región, el fomento del comercio inter e intra bloque, como es el caso del MERCOSUR, podría jugar un rol importante en motorizar la actividad económica en la región. Sergio, desde Colombia: ¿Cuáles serían las estrategias para atacar la baja productividad y la escasa diversificación? Luis Morano: Efectivamente, la región debe encontrar sus propias fuentes de crecimiento, dada la relativa estabilidad de los factores de crecimiento externos. En este contexto es importante que los países lleven a cabo reformas estructurales en educación, mercados laborales y sistemas previsionales que incrementen la inversión en infraestructura y aumenten el comercio intra e interregional, para así motorizar el crecimiento. Carlos, desde Chile: ¿Cuál será el rol de China en la recuperación de las economías latinoamericanas? ¿Seguirá la tendencia de América Latina en depender de recursos no renovables o existe ya algunos indicios de que la matriz productiva esté cambiando? Luis Morano: China juega un rol importante en la región. Entre el 2000 y el 2015, las exportaciones del país promedio de la región a China subieron del 1% al 5% del total de exportaciones de mercancías y, hoy en día, en algunos países como Perú, Chile y Uruguay las exportaciones de mercancías a China se sitúan entre un 20% y 25% del total. Durante el mismo período, la inversión extranjera directa proveniente de China ha subido prácticamente de cero al 5% de los flujos totales. Los préstamos financieros provenientes de China también han aumentado considerablemente. Es entonces claro que China juega un rol preponderante, sobre en todo en Sudamérica. La desaceleración del crecimiento chino obligará a la región a encontrar sus "propias" fuentes de crecimiento.
Un diván para el desarrollo
¿Conoces Villa Freud? Villa Freud es la denominación informal que se utiliza para referirse a una zona dentro del barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, en donde se multiplican los consultorios de psicólogos que escuchan y aconsejan a miles de pacientes semanalmente. Para los argentinos, este ejercicio es parte cotidiana de su rutina, incluso resulta extraño que una persona no haya recurrido nunca al diván del terapista en algún momento de su vida. De hecho, Argentina tiene la mayor cantidad de psicólogos per cápita en el mundo: cerca de 198 por cada 100.000 habitantes, de los cuales casi la mitad están en la capital argentina. En la región, le sigue muy de lejos Colombia, con 11 por cada 100.000 habitantes. Tal es la importancia del tema para los argentinos que existe una Ley Nacional que asegura el derecho a la protección de la salud mental de todos los ciudadanos, vinculando el bienestar emocional con el respeto de los derechos humanos y sociales. Pero a menos de cinco kilómetros del barrio del psicoanálisis, en uno de los asentamientos precarios de la Ciudad de Buenos Aires, miles de personas están expuestas a problemáticas sociales complejas y grandes dificultades para acceder a prestaciones de salud mental. Para ellos, Villa Freud no es más que un conjunto de calles y manzanas en una zona acomodada de la ciudad. Este gran número de vecinos de Villa Freud con escaso acceso a los servicios de salud mental requiere de estrategias que contribuyan a lograr una cobertura integral. Todos los individuos, particularmente los más vulnerables, requieren de acceso a servicios de salud de calidad a lo largo de su vida, ya sean de promoción, prevención, curación, rehabilitación o cuidados paliativos, sin tener que pasar por dificultades financieras para pagarlos. En general, cuando se hace referencia a los servicios sanitarios se dejan de lado los problemas de salud mental, un componente esencial e intrínseco de la misma y que está directamente relacionado con el bienestar personal, familiar y comunitario. Es por esto que cada 10 de octubre se conmemora el día de la Salud Mental para contribuir a la toma de conciencia y a erradicar los mitos y estigmas en torno a este tema. Lidiar con la depresión, y la pobreza La depresión es el trastorno mental más común a nivel mundial. A pesar de su gran carga social, los trastornos mentales continúan estando en la penumbra, debido al estigma, los prejuicios y el miedo. En América Latina el 5% de la población adulta padece de ella, pero el 60% no busca —ni recibe— tratamiento, según la OMS. La estigmatización de las enfermedades mentales, entre ellas la depresión, sigue siendo un obstáculo para que las personas de todo el mundo pidan ayuda, incluso en momentos de extrema urgencia como ante un intento de suicidio. A pesar de estas estadísticas que demuestran la importancia del problema, en promedio, los países de bajos ingresos dedican menos del 1% de sus presupuestos de salud a las enfermedades mentales. Justamente, este bajo gasto perjudica a los más humildes ya que son ellos quienes tienen mayor riesgo de sufrir depresión y ansiedad dado que sus posibilidades aumentan debido a la pobreza, el desempleo, el conflicto, el desajuste social, la criminalidad y la violencia. Indudablemente, la pobreza repercute en la calidad de vida e influye en el estrés crónico, la violencia, la delincuencia y la vulnerabilidad social. Todos estos factores tienen consecuencias y forman la combinación perfecta para el desarrollo de las enfermedades de salud mental, sumado a que estos sectores están por fuera de los servicios de salud formales. En particular, la Organización Panamericana de la Salud señala que los niños, niñas y adolescentes latinoamericanos que viven en la pobreza, tienen responsabilidades adultas durante su etapa infantil o viven en situaciones de violencia en sus hogares o comunidades y, de este modo, son particularmente susceptibles a poner su salud mental en riesgo al enfrentar un entorno que afecta su bienestar emocional. Patricio Marquez, especialista principal en Salud del Banco Mundial, destaca que “los problemas de salud mental ejercen un fuerte efecto negativo sobre el desarrollo del capital humano y la productividad de la sociedad”, al afectar especialmente a jóvenes y adultos que se están incorporando al mundo laboral. Niños, adolescentes y adultos sin acceso a la atención de su salud mental perderán tiempo de trabajo o producirán menos, lo que alimenta el círculo de la pobreza y dificulta el progreso de sus países. Sistemas de salud universales ¿Cómo lograr que todas las personas puedan disfrutar un óptimo estado de salud integral? Vanina Camporeale, oficial senior en Salud del Banco Mundial, destaca el apoyo a iniciativas en pos de “una cobertura efectiva integral para la población sin afiliación a un sistema explícito de salud, por la cual los beneficiarios conocen los servicios a los que puedan acceder, a la vez que se subscriben a estándares de calidad y de oportunidad de atención”. Destaca que “estos programas incluyen, entre otras, prestaciones preventivas y de urgencia relacionadas con salud mental en adolescentes y adultos”. En este sentido, resultan clave los servicios de prevención para los problemas de salud en general, así como para los trastornos asociados a la salud mental. Además, los puntos de atención primaria, una primera forma de entrada al sistema de salud, ayudan a enfrentar de manera más eficiente y rápida los factores sociales y económicos relacionados a estas enfermedades. El tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible tiene, como una de sus metas, la de reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante la prevención y el tratamiento y, a su vez, promover la salud mental y el bienestar. Para lograr esto, es necesario que la salud mental se convierta en un asunto de primera plana, es decir, un tema de desarrollo mundial en el que todos tenemos algo por hacer.
¿Te chocaría que una niña de 15 años se case? Pasa todos los días
Se casaron cuando aún no habían cumplido 15 años de edad. A los 17, quizá antes, ya tenían uno o dos hijos, o más. Abandonaron la escuela. Tuvieron muy pocas o ninguna oportunidad de empleo y, por lo tanto, no pudieron generar sus propios ingresos. Esta parece la breve biografía de algunas mujeres que nacieron en otra época. Pocos pensarían que a la vuelta de la esquina hay una niña que está escribiendo esta historia con verbos en presente. Sí, están muy cerca; porque las 41.000 niñas que se casan o unen anticipadamente cada día no son sólo de África o Asia, también son de América y el Caribe. Hasta hace poco, sólo unos cuantos hablaban del tema en este lado del mundo. De hecho, es difícil encontrar una imagen que atestigüe esta realidad velada. Sin embargo, la cortina se ha ido corriendo y cada vez resulta más inaceptable evadir la discusión sobre el matrimonio infantil y las uniones tempranas en una región en la que una de cada cuatro niñas se casa antes de cumplir 18 años, según datos del 2016 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). República Dominicana es uno de los países en los que la cifra es reveladora: Más de un tercio de las chicas, en su mayoría provenientes de familias pobres y de zonas rurales, contrae matrimonio o se establece en una unión temprana antes de los 18 años. Muchas de ellas lo hacen porque creen que el matrimonio es una vía para escapar del maltrato en el hogar o porque ellas, o sus familiares, consideran la unión como una alternativa para tratar de remediar su mala situación económica. Pero en muchos casos, las pequeñas se convierten en víctimas de violencia por parte de sus parejas y tampoco logran superar la pobreza. Basados en el estudio global sobre el impacto económico del matrimonio infantil – elaborado por el Banco Mundial y el Centro Internacional de Investigaciones sobre Mujeres – , los expertos del Banco Mundial, en alianza con UNICEF, pusieron la lupa en este país caribeño para demostrar que no sólo que las uniones tempranas constituyen una violación de los derechos de las niñas, sino para poner en evidencia el impacto de estas prácticas y el alto costo que implican para la economía del país. Una de las primeras conclusiones del estudio en República Dominicana es que el matrimonio infantil es probablemente la causa de tres de cada cuatro niños que nacen de una madre menor de 18 años. Cuando las niñas se casan antes de cumplir su mayoría de edad, las probabilidades de que tengan más hijos aumentan en un 45%. Poner fin al matrimonio infantil en este país podría reducir en dos tercios la proporción de jóvenes que dan a luz antes de su mayoría de edad y reduciría el crecimiento demográfico en un 0,17%. Por otro lado, están los beneficios socioeconómicos. En los hogares dominicanos en los que la mujer se casó a edad temprana, la pobreza se habría podido reducir del 41% al 32%, pues al tener menos miembros en la familia, se habrían podido gestionar mejor los ingresos para las necesidades básicas. Y sin estos matrimonios, la pobreza en este país podría haberse reducido del 30,5% al 27,7%. En términos macroeconómicos, los beneficios de poner fin al matrimonio infantil para el país serían también considerables. "Poner fin al matrimonio infantil generaría beneficios equivalentes a unos 171 millones de dólares hoy, aumentando a 4.800 millones de dólares para 2030, en paridad de poder adquisitivo. Además, habría ahorros presupuestarios para el Gobierno, mayormente por una menor demanda de servicios públicos debido a un menor crecimiento de la población", señala Quentin Wodon, autor principal del estudio. Hoy, cuando se entiende que se debe invertir más en la educación de las mujeres para superar la pobreza y la desigualdad, es fundamental prestar atención a que las niñas que se casan tienen menor probabilidad de continuar la escuela o de completar más años de educación, en comparación con las que lo hacen más tarde. De hecho, el estudio apunta que "los análisis econométricos para los países de América Latina y el Caribe sugieren que casarse siendo niña reduce la probabilidad de completar la escuela secundaria en un 5% cuando se hace a los 17 años, y hasta un 21% cuando es a los 12 años o antes". En consecuencia, es más difícil para las niñas, una vez que entran en la edad adulta, acceder al mercado laboral y tener ingresos propios con los que puedan ser independientes. Se calcula que, en República Dominicana, el matrimonio infantil podría reducir los ingresos de las mujeres en un 17% al llegar a la edad adulta. Las uniones tempranas afectan la educación de las mujeres que se casan siendo niñas y, como madres, ellas tienen menos posibilidades de ofrecer herramientas necesarias para el desarrollo de sus hijos en la primera infancia, una etapa muy importante para asegurar el éxito de esos niños en el futuro. Es una cadena de secuelas que retroalimenta la pobreza de los países y obstaculiza la posibilidad de alcanzar las metas de desarrollo sostenibles que América Latina también se ha propuesto para 2030. La principal recomendación de los expertos es mantener a las niñas en las escuelas para alejarlas del matrimonio. Además, proponen promover el empoderamiento de las adolescentes en espacios seguros donde se les ofrezca información sobre sus derechos; brindarles formación financiera, habilidades para emprender y gestionar microempresas; entre otras oportunidades para brindarles un mejor futuro para ellas y sus hijos, si deciden tenerlos.